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hundimiento en la Catedral de Sevilla

El 1 de agosto de 1888, la Catedral de Sevilla sufrió un derrumbe significativo que marcó un momento crítico en su historia. A las tres y media de la tarde, un terremoto de baja intensidad provocó la ruptura de un pilar en el lado suroeste del crucero, conocido como el lado de la Epístola. Este colapso arrastró consigo las cuatro semibóvedas que sostenía, así como el murete sur del crucero, causando el hundimiento del segundo cimborrio, una estructura que había reemplazado al original tras su caída en 1511. El desplome generó un estruendo ensordecedor y una nube de polvo que oscureció el cielo sevillano, aunque, milagrosamente, no hubo víctimas entre los obreros que trabajaban en las restauraciones iniciadas en 1881. El incidente destruyó valiosos elementos, como el órgano de Jordi Bosch, considerado uno de los mejores de España, junto con la verja del coro y parte de la vidriera. Las obras de restauración, dirigidas por Adolfo Fernández Casanova, ya habían alertado sobre la fragilidad de los pilares, mal construidos y con materiales de baja calidad. Tras el suceso, el arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray lideró la reconstrucción, finalizada en 1893, devolviendo al cimborrio su forma original, que aún hoy se conserva como testigo de aquella catástrofe.

Autor: E. Beauchy.

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7 de enero de 2024

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