Sevilla, 1908. Aspecto del muelle en la orilla de Triana con los clásicos barcos usados para la pesca del camarón. Foto de Stereo-travel Co.
En 1908, Sevilla era una ciudad que avanzaba entre la tradición y la modernidad. Sus calles aún conservaban el aire costumbrista del siglo XIX, con mercados bulliciosos, carros tirados por mulas y un Guadalquivir lleno de actividad. El puerto, situado en la orilla de Triana, era un hervidero de vida. Allí se podían ver los pequeños barcos camaroneros, característicos de la pesca local, mientras marineros y comerciantes negociaban entre redes y cajas de madera.
Por aquel entonces, la ciudad empezaba a transformarse. Aunque todavía predominaban los oficios tradicionales y la agricultura, el comercio crecía impulsado por el tráfico fluvial y la llegada del ferrocarril. Sevilla también comenzaba a preparar su gran proyecto de futuro: la Exposición Iberoamericana, que aunque aún lejana, ya se dibujaba en los planes de urbanistas y políticos.
Las tardes en la ciudad eran un espectáculo de luz y vida. Los tranvías eléctricos comenzaban a sustituir a los antiguos de mulas, y las tertulias en cafés como el de Novedades o el Universal reunían a escritores, toreros y curiosos. Mientras tanto, en los barrios populares, la música y el cante flamenco seguían marcando el ritmo de una ciudad que, aunque cambiaba, nunca perdía su esencia.
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OldPik
January 7, 2024
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